Cozumel, a 09 de julio de 2025.- Durante décadas, Cozumel ha sido el epicentro del turismo de cruceros en el Caribe. Su ubicación estratégica, aguas cristalinas y una infraestructura turística consolidada lo convirtieron en el puerto número uno de cruceros en América Latina. Sin embargo, esa posición privilegiada está hoy en riesgo. El panorama ha cambiado dramáticamente y todo apunta a que Cozumel podría estar viviendo el principio del fin de su reinado en esta industria.


Tres factores críticos están poniendo en jaque el liderazgo de la isla: la falta de infraestructura

portuaria moderna, la imposición de un nuevo impuesto federal que afecta directamente a las

navieras y el creciente rechazo social hacia la industria de cruceros.


1. Infraestructura portuaria rezagada ante un nuevo ciclo de crecimiento global

La industria de cruceros está experimentando una nueva ola de crecimiento. Entre 2025 y 2030, se

espera la incorporación de 68 nuevas embarcaciones a las principales flotas del mundo. Muchas de

estas serán megacruceros con capacidades y requerimientos técnicos mucho más exigentes, tanto

en espacio como en servicios portuarios.


Cozumel, lamentablemente, no se está adaptando al mismo ritmo. Mientras destinos como Puerto Plata, o incluso países como República Dominicana y Bahamas avanzan con inversiones millonarias en infraestructura portuaria, Cozumel sigue enfrascado en debates estériles y procesos burocráticos sin avance tangible. La falta de una nueva terminal, la oposición a la ampliación de muelles y la parálisis en proyectos estratégicos están llevando a las navieras a reconsiderar sus rutas a otras partes.


2. El nuevo impuesto federal: una señal negativa al sector

El recientemente aprobado impuesto federal al pasajero de crucero, que se suma a otras cargas

locales y estatales, ha encendido las alarmas en la industria. A pesar de ser presentado como una

medida de recaudación “justa”, en la práctica representa un golpe directo a la competitividad de

Cozumel frente a otros destinos.


Las navieras operan con márgenes ajustados y buscan eficiencia en cada escala. Un aumento en

los costos operativos, sin una mejora proporcional en servicios o infraestructura, las obliga a tomar

decisiones drásticas.


3. Rechazo social y narrativa anti-cruceros

A esta compleja situación se suma un fenómeno social creciente: el rechazo de una parte de la

población local hacia los cruceros. Algunas voces, con fundamentos válidos, pero sin propuestas sostenibles, han levantado una narrativa anti-cruceros que se ha traducido en manifestaciones, litigios e incluso en el freno de proyectos de desarrollo portuario.


Si bien es legítimo debatir el modelo de turismo que se desea para Cozumel, la confrontación directa

sin diálogo ha debilitado la relación entre comunidad, gobierno e industria. Las navieras, que operan

con planificación a largo plazo, no están dispuestas a invertir en destinos donde se percibe un

entorno hostil o incierto.