Tres factores críticos están poniendo en jaque el liderazgo de la isla: la falta de infraestructura
portuaria moderna, la imposición de un nuevo impuesto federal que afecta directamente a las
navieras y el creciente rechazo social hacia la industria de cruceros.
1. Infraestructura portuaria rezagada ante un nuevo ciclo de crecimiento global
La industria de cruceros está experimentando una nueva ola de crecimiento. Entre 2025 y 2030, se
espera la incorporación de 68 nuevas embarcaciones a las principales flotas del mundo. Muchas de
estas serán megacruceros con capacidades y requerimientos técnicos mucho más exigentes, tanto
en espacio como en servicios portuarios.
Cozumel, lamentablemente, no se está adaptando al mismo ritmo. Mientras destinos como Puerto Plata, o incluso países como República Dominicana y Bahamas avanzan con inversiones millonarias en infraestructura portuaria, Cozumel sigue enfrascado en debates estériles y procesos burocráticos sin avance tangible. La falta de una nueva terminal, la oposición a la ampliación de muelles y la parálisis en proyectos estratégicos están llevando a las navieras a reconsiderar sus rutas a otras partes.
2. El nuevo impuesto federal: una señal negativa al sector
El recientemente aprobado impuesto federal al pasajero de crucero, que se suma a otras cargas
locales y estatales, ha encendido las alarmas en la industria. A pesar de ser presentado como una
medida de recaudación “justa”, en la práctica representa un golpe directo a la competitividad de
Cozumel frente a otros destinos.
Las navieras operan con márgenes ajustados y buscan eficiencia en cada escala. Un aumento en
los costos operativos, sin una mejora proporcional en servicios o infraestructura, las obliga a tomar
decisiones drásticas.
3. Rechazo social y narrativa anti-cruceros
A esta compleja situación se suma un fenómeno social creciente: el rechazo de una parte de la
población local hacia los cruceros. Algunas voces, con fundamentos válidos, pero sin propuestas sostenibles, han levantado una narrativa anti-cruceros que se ha traducido en manifestaciones, litigios e incluso en el freno de proyectos de desarrollo portuario.
Si bien es legítimo debatir el modelo de turismo que se desea para Cozumel, la confrontación directa
sin diálogo ha debilitado la relación entre comunidad, gobierno e industria. Las navieras, que operan
con planificación a largo plazo, no están dispuestas a invertir en destinos donde se percibe un
entorno hostil o incierto.

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